Mostrando entradas con la etiqueta cooperación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cooperación. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de junio de 2023

Y no se me ocurre nada...


 

Pienso en ponerme a escribir y por primera vez no se me ocurre nada. Creo que estoy abrumada por las circunstancias. Observo a mi alrededor. Hay tanto movimiento que creo que mi cerebro ha optado por replegarse.

Me abruma el calor, intenso estos días, aunque tengo la suerte de vivir en una casa con una especie de microclima protector.

Me abruma el ruido político, no quiero vivir en la ignorancia y eso tiene un precio. Los intercambios agresivos, las descalificaciones, los ataques desde actitudes beligerantes que ascienden constantemente.

No me gusta, no me aporta nada ni contribuye en la dirección de mi voto que considero consciente e informado.

Por otro lado, mirando el panorama de la guerra de Ucrania, y otras ignoradas, me siento afligida, asustada por las largas y afiladas garras de la violencia que promueve la codicia personal de unos, nunca el interés general de los habitantes de un pueblo, de una ciudad, de un país.

Busco entre mis congéneres y procuro desarrollarlas en mí, actitudes de cooperación que contribuyan al cuidado y la concordia, atisbos de humanidad que sostengan la motivación y la ilusión adormecida bajo tanto hecho dramático.

La banalidad de un capricho hundido es capaz de robar portada al desastre humanitario de quien viaja en condiciones inconcebibles por necesidad de supervivencia.

El morbo es más atractivo que la dramática realidad de la gente corriente.

Admito que soy de costumbres sencillas. Un paseo, un libro, o compartir ratos con quien quiero, un viaje de vez en cuando, suponen la esencia de mi vida aparte de las obligaciones que también son elegidas.

Mis mejores deseos para este intenso verano que no ha hecho más que comenzar.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

No es destruir es transformar


Para finalizar el año, quiero compartir con vosotros un relato en el que expreso mi objetivo para 2023, y con el que espero alentar la ilusión por el cambio constructivo. Ilusión e inspiración que animen las pequeñas acciones para transformar sin destruir.

La abuela grafitera, personaje de nuestro relato, tiene un propósito, quiere construir un legado para sus nietas, un sello que aliente valores de cuidado y protección, de solidaridad y empatía. Quiere protestar ante lo que daña y que pasa inadvertido en el día a día. Se rebela ante la pasividad y se indigna ante la acción violenta y bronca. Quiere que la esencia de la belleza natural no sea vencida por la acción insensible del codicioso o el estúpido. Quiere contribuir con pequeñas acciones a impulsar la amabilidad, el respeto y la cooperación.

La abuela grafitera

Érase una vez una abuela que cada día paseaba cerca del mar. Tenía la suerte de vivir en un lugar con grandes espacios abiertos desde donde contemplar el horizonte y respirar aire limpio. Un bello entorno en el que resultaba fácil descansar la retina del trabajo con el ordenador. Sin embargo, no todo era bonito, a veces encontraba desagües apestosos que desembocaban en la playa dejando un rastro de sucio fango. Bolsas de plástico que el levante precipitaba desordenadamente hacia el agua confundiendo y dañando a los habitantes marinos. 

Una vez, incluso encontró un gran paquete que contenía droga, un fardo lo llaman y tuvo que llamar a las autoridades para que lo recogieran. Era frecuente también, encontrar restos de barcos de personas que subieron a ellos con el propósito de encontrar aquí una vida mejor. No sabe si lo consiguieron, ellos no están, aunque a veces sus ropas mojadas quedan en la arena como testigo de su llegada.

A veces se enfada cuando descubre a kitesurfistas con su cometa en la laguna en la que descansan las aves en su ruta de migración. Asustadas por el pajarraco humano, su avituallamiento a medio viaje se trunca.  La abuela no entiende a estos egologistas. Llama a las autoridades, pero no le hacen mucho caso.

Hacía ya tiempo que, al pasar al lado de uno de los colegios cercanos a la playa, la abuela veía escritas en una pared palabras soeces, expresiones y dibujos con significados obscenos. La abuela no era una mojigata, pero no le parecía ni bonito ni apropiado que los niños y niñas de la escuela de al lado, pudieran leer cada día esas palabras y ver esas imágenes. No entendía por qué nadie las borraba, los maestros y maestras, los padres y madres, deducía que su pasividad tal vez se debiera a la costumbre o a dar por hecho que no era su responsabilidad, no lo sabía.

De modo que decidió actuar. Aunque su nieta iba a otro colegio, sintió la necesidad de intervenir y así lo hizo. Una tarde, se dirigió a un bazar cercano y compró un espray. Avanzó decidida hacia el callejón de las palabras soeces convencida de su propósito. Quería ser discreta, una grafitera anónima, más llevando a su nieta con ella en la misión secreta.

¿A dónde vamos abuela? Preguntó la pequeña. Vamos a cambiar unas palabras feas por unas bonitas. Entonces la niña eligió la palabra AMOR. Claro, pensó la abuela, ella rebosa amor.

Llegaron al muro, las acompañaba otro abuelo que se había unido casualmente a la pareja. La abuela le pidió que abriera el espray y escribiera: ABRETE AL AMOR Y AL RESPETO, cambiando el sentido de la fea expresión que allí se hallaba garabateada. La abuela se sorprendió al ver que el color de la pintura era rojo, creía haber escogido uno azul. Sin embargo, se alegró al observar el contundente efecto de este tono. Contentas, se marcharon al parque a jugar.

Otro día cogió de compinche a su compañero de vida y juntos comprobaron que sus palabras bonitas seguían en el muro. En esta ocasión el dibujo de un pene que apuntaba a su frase lo transformó en una mariposa.

Así, desde entonces y hasta ahora, la abuela pasea y comprueba el estado de la pared.  Hasta ha creado su propio lema:

NO ES DESTRUIR ES TRANSFORMAR

Para María que ya forma parte de las estrellas después de brillar en La Tierra.

FELIZ AÑO 2023

martes, 1 de noviembre de 2022

El Grito

 


 

Hace unas semanas, paseábamos por el centro de Palermo. Hacíamos tiempo para ir al aeropuerto, terminando así nuestro recorrido por diferentes destinos de Sicilia. Caminábamos intuitivamente con la brújula del mar al fondo que siempre ayuda a orientarse en las ciudades con puerto. La curiosidad nos hizo subir una escalera que parecía llevar a un edificio de interés. De repente, un grito feroz me sacude el oído derecho, me giro sobresaltada y descubro el rostro de una muchacha de unos 11 o 12 años que abiertamente se ríe en mi cara. Creo que dije: ¡Qué susto me has dado!  Lo primero que interpreté es que alguien se había hecho daño. Me quedé estupefacta mirando como la chica bajaba las escaleras apresurada para escapar con otros dos muchachos en una motocicleta. Se reían. Simplemente era una gracia.

Quedamos perplejos, sobresaltados, realmente el grito fue atroz. Bajamos la escalera y cambiamos de dirección. A mí me temblaban las piernas. Seguimos caminando y hablamos de lo sucedido. Gamberros, chavales, casi de la calle, que merodean a los turistas para asustarles, parece que ese era el objetivo.

Yo me quedé con una sensación inquietante, vi en su rostro otros rostros ajenos de quien puede asustar por el mero deseo de divertirse. Asustar, herir, lastimar como medio de diversión. En la calle, en el colegio, con objetivos diversos, siempre camuflados en el grupo que alienta, jalea y comparte el triunfo maligno. El indefenso suele estar en minoría, sólo, o en compañía de otros incautos asustados.

Pensé en mi nieta mayor, en como insuflarle fuerza, potencia para no ser víctima, tampoco verdugo, claro está, pero desde luego no mantenerse en ninguna situación de intimidación.

El otro día, en una sesión con una cliente que me describía una situación de acoso le pregunté.

-¿A qué crees que se debe que las víctimas guarden silencio en estas situaciones?

- Una vez que estás en el juego… me contestó.

- Simplemente juegas, añadí.

- Así es, contestó. Es decir, que se da por hecho que es algo que sucede y si te toca te ha tocado.

Muchas veces el acoso comienza con apariencia de broma, insisto en llamarlo divertimento maligno y se convierte en la pesadilla de quien lo recibe. Miedo con diversas consecuencias, desmotivación, aislamiento, depresión, somatizaciones que inician enfermedades y que, como un grito ahogado, albergan sufrimiento de los que no se ríen.

Necesitamos medidas urgentes y reales de educación preventiva en todos los sectores de la sociedad. Deportes, publicidad, música, y desde luego en la escuela. Nada es ajeno a la influencia en el comportamiento de los que están en desarrollo. Inspiremos valores actuando con actitudes éticas. Porque detrás del acoso hay déficit ético, además de sentimientos encontrados, frustraciones propias transformadas en agresividad.

No es sostenible para el ser humano aprender a dañar en vez de cooperar. El juego de poder en la humanidad es la historia interminable que nos ha llevado a donde estamos. Urge tomar medidas. Al igual que el cambio climático gana terreno con nuestra falta de ética en el planeta, la violencia se ceba en la semilla que se planta cada día entre individuos inconscientes o desaprensivos. Cada palabra, cada acción cuenta.

Creo a pesar de todo en que la mayoría de las personas tenemos buenas intenciones y queremos aportar más que destruir y dañar, aunque hemos de hacernos notar, construir apoyos que garanticen el cuidado mutuo, la alegría genuina, el disfrute sostenible.

Si estás en alguna situación en la que te sientas intimidado por la actitud de otros no dudes en pedir ayuda. Expresa tu situación, no te mantengas en ella.

Un poco de pedagogía

Sube a la montaña y cuando bajes que se note tu paso por ella porque está un poco más limpia.

Disfruta de ese nuevo parque respetando los turnos, no te abalances sobre los más pequeños, cede el paso, han de aprender a lanzarse por el tobogán seguros y confiados.

Juega y anima a tu equipo respetando a los aficionados y jugadores del otro. No son enemigos, son compañeros.

Participa y ábrete a la participación de otros, no te quitan espacio, enriquecen el que ocupas.

Inspira con tu comportamiento, con tus cualidades.

 

viernes, 24 de septiembre de 2021

Perder el techo

 

 

Perder el techo que nos cobija, el hogar que habitamos cada día, nos sitúa en una situación de desamparo físico, emocional, integral me atrevo a decir.  El refugio físico es una necesidad básica que disminuye la vulnerabilidad que nos caracteriza como individuos, como seres vivos. Porque afecta efectivamente a todos los seres vivos que buscamos refugio de la intemperie que nos asusta y condiciona nuestra necesidad de reposo.  Necesitamos descansar del  trabajo, tal vez de buscarlo y no conseguirlo, del movimiento, de los avatares del día.

Construimos un hogar más o menos sofisticado, cómodo, amable, según nuestras posibilidades económicas y emocionales también.  Muchas veces es el mejor lugar al que llegar, es lo deseable, cuidarlo y sentir que es nuestro entorno seguro, nuestro sitio.

A veces es posible bajo una caja de cartón, que sostiene historias de abandono, de dolor, de pérdida, dejando al descubierto la fragilidad con la lluvia, con el frío o el calor incluso con los vándalos, que traspasan sin dificultad la ingenuidad del solitario. La mayoría construimos con esfuerzo y dedicación, también con ilusión,  retazos de seguridad entre las paredes que nos acogen.

Otras veces construimos palacios como símbolo de éxito, de riqueza y poder que también pueden caer bajo los efectos de la guerra, del odio, de la naturaleza, que no odia ni ama, simplemente nos recuerda que el sentido es una construcción humana, social y particular de cada ser humano, de cada pueblo. Que perderlo es peligroso, esa es la verdadera intemperie, el riesgo absoluto de lo que somos como personas.

Sin embargo, en la dureza de lo inevitable se halla también lo más elevado del ser humano, y lo más rastrero, no voy a pecar de ingenua, aunque hoy quiero resaltar la tendencia del ser humano a la empatía, al compañerismo, a la cooperación.  No sólo de los profesionales destinados por oficio a la ayuda, a los que creo necesario agradecer cada día que existan y estén donde los necesitamos.  Miro hacia cada vecino de La Palma, de Lepe, de cada lugar víctima de la desgracia y veo personas que acuden para trabajar codo con codo con sus vecinos afectados, y me emociona la voz entrecortada de un hombre de Lucena que llora con una mezcla de tristeza y agradecimiento al relatar la cantidad de personas que llegaron hasta las calles de los afectados por la devastadora lluvia para retirar el lodo. Para evitar la pérdida, para repararla cuanto antes.

Miro de soslayo a los que decidieron ponerse a mirar el fuego en lugar de ayudar, aunque sea quedándose en su casa si todavía la tienen.  Cada cual tiene sus prioridades y coger la foto para asegurar la autoestima del día siguiente es una opción.  Contemplar la potente belleza del fuego con su ambivalencia entre la destrucción y la fuerza no dudo de que es tentador.

Hoy aparece en portada un político, que ante la amenaza pudo cambiar un techo por otro, perdiendo el suyo sí,  pero con margen, y lo demás se empequeñece, ya no llueve, ya no hay lava ya no es tan sofocante, apenas hay COVID.  Nos acercamos a octubre y otros viejos volcanes entrarán en erupción.

Sin embargo, quiero apostar por el tema de mi reflexión de hoy, la cooperación y el cuidado mutuo y de esto la mayoría de los políticos saben muy poco, de modo que, hoy ellos no importan.