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martes, 1 de noviembre de 2022

El Grito

 


 

Hace unas semanas, paseábamos por el centro de Palermo. Hacíamos tiempo para ir al aeropuerto, terminando así nuestro recorrido por diferentes destinos de Sicilia. Caminábamos intuitivamente con la brújula del mar al fondo que siempre ayuda a orientarse en las ciudades con puerto. La curiosidad nos hizo subir una escalera que parecía llevar a un edificio de interés. De repente, un grito feroz me sacude el oído derecho, me giro sobresaltada y descubro el rostro de una muchacha de unos 11 o 12 años que abiertamente se ríe en mi cara. Creo que dije: ¡Qué susto me has dado!  Lo primero que interpreté es que alguien se había hecho daño. Me quedé estupefacta mirando como la chica bajaba las escaleras apresurada para escapar con otros dos muchachos en una motocicleta. Se reían. Simplemente era una gracia.

Quedamos perplejos, sobresaltados, realmente el grito fue atroz. Bajamos la escalera y cambiamos de dirección. A mí me temblaban las piernas. Seguimos caminando y hablamos de lo sucedido. Gamberros, chavales, casi de la calle, que merodean a los turistas para asustarles, parece que ese era el objetivo.

Yo me quedé con una sensación inquietante, vi en su rostro otros rostros ajenos de quien puede asustar por el mero deseo de divertirse. Asustar, herir, lastimar como medio de diversión. En la calle, en el colegio, con objetivos diversos, siempre camuflados en el grupo que alienta, jalea y comparte el triunfo maligno. El indefenso suele estar en minoría, sólo, o en compañía de otros incautos asustados.

Pensé en mi nieta mayor, en como insuflarle fuerza, potencia para no ser víctima, tampoco verdugo, claro está, pero desde luego no mantenerse en ninguna situación de intimidación.

El otro día, en una sesión con una cliente que me describía una situación de acoso le pregunté.

-¿A qué crees que se debe que las víctimas guarden silencio en estas situaciones?

- Una vez que estás en el juego… me contestó.

- Simplemente juegas, añadí.

- Así es, contestó. Es decir, que se da por hecho que es algo que sucede y si te toca te ha tocado.

Muchas veces el acoso comienza con apariencia de broma, insisto en llamarlo divertimento maligno y se convierte en la pesadilla de quien lo recibe. Miedo con diversas consecuencias, desmotivación, aislamiento, depresión, somatizaciones que inician enfermedades y que, como un grito ahogado, albergan sufrimiento de los que no se ríen.

Necesitamos medidas urgentes y reales de educación preventiva en todos los sectores de la sociedad. Deportes, publicidad, música, y desde luego en la escuela. Nada es ajeno a la influencia en el comportamiento de los que están en desarrollo. Inspiremos valores actuando con actitudes éticas. Porque detrás del acoso hay déficit ético, además de sentimientos encontrados, frustraciones propias transformadas en agresividad.

No es sostenible para el ser humano aprender a dañar en vez de cooperar. El juego de poder en la humanidad es la historia interminable que nos ha llevado a donde estamos. Urge tomar medidas. Al igual que el cambio climático gana terreno con nuestra falta de ética en el planeta, la violencia se ceba en la semilla que se planta cada día entre individuos inconscientes o desaprensivos. Cada palabra, cada acción cuenta.

Creo a pesar de todo en que la mayoría de las personas tenemos buenas intenciones y queremos aportar más que destruir y dañar, aunque hemos de hacernos notar, construir apoyos que garanticen el cuidado mutuo, la alegría genuina, el disfrute sostenible.

Si estás en alguna situación en la que te sientas intimidado por la actitud de otros no dudes en pedir ayuda. Expresa tu situación, no te mantengas en ella.

Un poco de pedagogía

Sube a la montaña y cuando bajes que se note tu paso por ella porque está un poco más limpia.

Disfruta de ese nuevo parque respetando los turnos, no te abalances sobre los más pequeños, cede el paso, han de aprender a lanzarse por el tobogán seguros y confiados.

Juega y anima a tu equipo respetando a los aficionados y jugadores del otro. No son enemigos, son compañeros.

Participa y ábrete a la participación de otros, no te quitan espacio, enriquecen el que ocupas.

Inspira con tu comportamiento, con tus cualidades.

 

sábado, 18 de abril de 2020

El hogar que habitamos




Seguimos avanzando en las semanas de confinamiento, ya pasamos el mes y es más que probable que por delante tengamos nuevas semanas, meses alejados de la normalidad conocida. Hemos de adaptarnos a nuestra nueva situación, dinámica, cambiante, diferente para todos.

Ansiamos la libertad cotidiana, más allá de los grandes acontecimientos, viajes a lugares lejanos, conciertos, festivales y fiestas populares que están descartados al menos a medio plazo, nos vendría muy bien un simple paseo, una simple cerveza en una terraza, sentarnos al sol, tocar el agua del mar, del río, la hierba o cualquier pedacito de naturaleza que ahí afuera continúa su ciclo vital.  Niños y grandes necesitamos correr, saltar y ver a nuestros amigos y familiares. ¡Tantas cosas sencillas!

La salud de muchas personas depende del estilo de vida que lleven, actividades como salir a andar, bueno para todos, imprescindible en patologías como la diabetes, las afecciones cardiacas, la depresión, están ahora paralizadas. Por mucho que hagamos en casa, no llega, aunque bajar a comprar sea un motivo para mover las piernas, es insuficiente, las enfermedades de muchos avanzan y se alivian a base, tal vez, de incrementar medicaciones que fueron evitadas por el hecho de caminar en el parque habitual, en la playa, de ir cada mañana con el grupo de amigas que al tiempo que caminan hablan de sus cosas, tal vez presuman de sus nietos, o se quejen de sus maridos, tal vez los anhelen en estos días de soledad porque ya no están, tal vez simplemente este rato alivie tantos otros llenos de reproches, insultos, malas caras.

¡Cuántas situaciones diferentes!  Sabiendo que hacemos lo que hay que hacer no deja de pesar en la espalda de cada uno, en el corazón, en las varices que crecen, la tensión que se dispara, los pensamientos que se abarrotan en la cabeza aparcada entre cuatro paredes.

Sabemos que los niños necesitan salir, no hay duda. Sin embargo, creo que es preciso considerar la situación psicosocial, igual que se está haciendo en el sector económico para tomar medidas en la desescalada. ¿Quién ha de salir primero? Si se aplicara un criterio de justicia social, los que estén en situaciones precarias. No creo que sea difícil de analizar este punto, metros de vivienda, personas que la habitan, situaciones de salud y necesidades concretas. Todo está registrado igual que lo están nuestros datos económicos.

La desescalada de este modo tendría en cuenta el ámbito psicosocial y las necesidades de salud en otras patologías que quedarán después de esta emergencia y que siguen agudizándose precisamente por ella.

Por otro lado, madres, padres, educadores y psicólogos que reclaman la salida de los niños primero por sus consecuencias graves en su salud, me permito argumentar matices.  Me encuentro entre estos profesionales, creo que hablo con conocimiento de causa y con la reflexión y análisis previo antes escribir estas palabras.  Considero que no es una situación que en sí misma vaya a causar graves consecuencias en los niños, creo que es una situación compleja que depende, como decía, de las circunstancias físicas-materiales, psicológicas, especialmente de los adultos y del manejo de la situación en cada caso.  No olvidemos nuestra capacidad de resiliencia, de esta saldremos bien parados, primero si estamos sanos y segundo si gestionamos adecuadamente la situación.  Cuando los niños salgan habrá que seguir gestionando sus ganas, las nuestras, su energía y las relaciones con los otros, hay que prepararles para ello, es un gran aprendizaje que básicamente refleja la importancia de la cooperación. Los mayores también hemos de darnos cuenta y gestionar nuestras ganas, nuestras frustraciones por lo que ya no es y nuestra posibilidad de construir lo que es posible con lo que tenemos ahora.

Cuando en la universidad impartía la asignatura de Orientación Profesional, les pedía a los alumnos un trabajo denominado Autoorientación, un recorrido introspectivo por su historia en las diferentes áreas de su existencia hasta llegar a su toma de decisiones vocacional. Incluí un apartado llamado aficiones. Tenían que describirlas, su origen, la influencia en sus vidas.  Tengo la teoría de que las aficiones buenas evitan estados improductivos incluso depresivos, a veces se pierden aunque siempre pueden recuperarse o incorporar nuevas.

He de decir que la mayoría atribuían el origen a la infancia o a la adolescencia, y generalmente habían sido generadas en su familia.  Salir a la naturaleza, pintar, bailar o tocar un instrumento.  Jugar juntos a las cartas, al parchís o a cualquier juego de grupo.  Creo que es un buen momento para esto, sé que el día tiene muchas horas aunque también me consta que una adecuada distribución de las mismas, ayuda. Conocer o descubrir intereses da sentido a nuestras actividades, a nuestro gasto de tiempo. En estos momentos la escuela está en casa, los lugares de ocio están en casa, si las personas más importantes están en casa, en tu hogar por difícil que sea tienes lo más importante.  Antes o después pasearemos juntos.

Un día más cerca de la orilla deseada.

Foto: Estación de Metro Retiro, Madrid. Mosaico de Mingote.


martes, 26 de noviembre de 2019

¿Cómo se mide el daño moral? ¿Cómo nos afecta? ¿Tiene consecuencias en nuestra salud?


Desde hace semanas, me ronda la idea de escribir acerca de este complejo asunto. He sido testigo en numerosas ocasiones a lo largo de mi trayectoria profesional del efecto dañino que tiene esto que se denomina daño moral y que es contemplado desde distintos ámbitos de estudio e intervención. 

Existe diversidad de situaciones que pueden desencadenar el efecto del daño moral. En el ámbito laboral, al que quiero referirme en esta ocasión, encontramos numerosos indicadores más o menos sutiles como las descalificaciones, noticias falsas, ocultación de información relevante, asignación de tareas no asociadas al cargo, ubicación física inadecuada (por ejemplo, no tener un despacho en las mismas condiciones que otros compañeros del mismo rango), etc. Se trata de un análisis complicado porque la persona agraviada se encuentra en inferioridad de condiciones, especialmente si entre quienes generan la situación, existen alianzas para mantener sus posiciones.  

El daño moral es una  lesión simbólica por sentirse agraviado que conlleva afectación física, psicológica y espiritual.  No es inocuo el agravio porque provoca sufrimiento, aflicción que resulta de la acción de otro.

Desde el punto de vista psicológico atendemos al factor emocional y la influencia en nuestro bienestar, que será más o menos intensa en función de diversos factores, entre ellos, las características concretas de la situación, las circunstancias personales y el sentido que tenga para la persona objeto de agravio.

Cuando sufrimos una decepción motivada por el engaño o el fraude, pasamos de la sorpresa a la rabia, llegando al desánimo, sin descartar estados depresivos, en gran medida, porque vienen de la mano de la percepción de impotencia, especialmente cuando la situación que daña proviene de la intención de otros minando la confianza de quien sufre las consecuencias.

Los significados personales están marcados por nuestros valores, nuestras creencias nucleares acerca de la vida en general, por las concepciones éticas que guían nuestro comportamiento si somos coherentes y por nuestros sentimientos porque estos van de la mano de cualquier experiencia vital.

La afectación moviliza nuestra energía o la paraliza, activa nuestra reactividad más familiar o nos inhibe bloqueando nuestra conciencia emocional.  

El engranaje de nuestra personalidad queda expuesto a la evaluación de una realidad no esperada. La vulnerabilidad humana se viste con rostros diversos.

¿Cómo responde nuestro sistema a estas situaciones?

Cuando una persona sufre los efectos del agravio, que si es persistente podemos denominarlo acoso, es frecuente que acuda al sistema de salud ya que los síntomas físicos en situaciones como las señaladas no se hacen esperar: ansiedad, insomnio, preocupación constante, que promueven la actividad del sistema de alerta que se enciende ante la amenaza de manera sostenida. La sanidad responde con un protocolo muy concreto: ansiolíticos.


La situación es la misma, sin embargo, la medicación hace que supuestamente no importe.

Conviene desvelar la indefensión que puede desencadenar las situaciones sostenidas en el tiempo cuando quien sufre es tratado como susceptible de tratamiento o bien, cuando este se considera efectivo, o agotado, instando a volver al lugar que motivó el daño sin garantías y con el prestigio personal cuestionado. 

Otra opción es la justicia, con largos protocolos de espera y la Espada de Damocles encima de la cabeza, porque hacen falta pruebas para constatar los hechos más allá de las percepciones particulares. 

Según se refleja en la historia de la jurisprudencia española, la descripción del daño moral "puro" considera que daños no patrimoniales son daños morales puros, es decir, los que no acarrean ni directa ni indirectamente consecuencias patrimoniales económicamente cuantificables y que se identifican con la perturbación injusta de las condiciones anímicas del sujeto lesionado.

Por otro lado, se describe el daño patrimonial indirecto para el lesionado en su honor, para lo que se estiman indemnizaciones por suponer que amplían la libertad y la posibilidad de salir del círculo en el que la difamación hubiese dejado sentir sus efectos.

La Audiencia Provincial de Barcelona, en Sentencia de 8 de febrero de 2006, determina que daño moral "es el infligido a las creencias, a los sentimientos, a la dignidad de la persona o a su salud física o psíquica [...].  La zozobra, la inquietud, que perturban a una persona en lo psíquico".

¿Cómo abordarlo?
 

Desde el abordaje psicoterapéutico, al que habrá que llegar si se tienen recursos para ello, se atiende al daño causado especialmente en el autoconcepto de la persona que probablemente se encuentre en estado de vulnerabilidad. Será conveniente revisar los valores implicados, las actitudes personales ante los juegos de poder, las consecuencias asociadas a las decisiones, etc.

Mientras se toma distancia para analizar con perspectiva las opciones de resolución, conviene tomar consciencia de nuestros recursos personales, ajustando medidas de protección que impulsen la revitalización de lo dañado para, en última instancia, decidir el modo de resolver la situación afianzando la sostenibilidad de la persona.