sábado, 11 de mayo de 2019

¿Necesito ayuda? ¿Quién puede ayudarme?


 ¿Necesito ayuda? ¿Quién puede ayudarme? ¿Orientación psicológica o abordaje clínico?


Es frecuente que cuando nos damos cuenta de que algo no va bien pase un tiempo hasta que respondamos a la cuestión que nos permita resolverlo con ayuda si es esto lo que consideramos necesario. Nos planteamos entonces: ¿Quién puede ayudarme?

Vivimos en un mundo complejo y diverso y la experiencia personal es diversa y compleja también.
Por ello, precisamos respuestas personalizadas y adecuadas a cada individuo y situación. 

Creo importante diferenciar entre la necesidad de orientación, de clarificar una experiencia, y las patologías psicológicas,  porque el modo de intervenir y los  profesionales que han de buscarse para ello difieren.

Habitualmente se mete en el mismo saco a toda persona que desarrolle indicadores de malestar vital, psicológico, siguiendo en la actualidad la ruta médica con la medicación como aliada principal y la prescripción al ámbito de la psicología después.

Después comienza un camino con resultados desiguales.  

Es frecuente que las personas, una vez que han pasado por el tratamiento prescrito por el ámbito de salud pública busquen algo más y opten, los que se lo pueden permitir, por un trabajo que aborde otros aspectos que no se han considerado en la terapia prescrita como son comprender, conocer aspectos de su persona, de su historia, de sus relaciones, etc. que no se abordan generalmente: ¿Por qué? Porque no se consideran objetivos  terapéuticos.

La cuestión es,  ¿ha de abordar esto el psicólogo/a clínico? En el sistema formal actual, el que está establecido, no, además no son patologías, por tanto por definición no es su campo específico. Sin embargo, las personas siguen buscando respuestas y llegan de este modo a equipos como el nuestro.

Podemos preguntarnos ¿quién ha de trabajar estas cuestiones?

Desde luego profesionales con la preparación adecuada. Las cuestiones humanas universales asociadas a crisis vitales no patológicas, requieren de orientación apoyada en diferentes modelos de psicología que han aportado respuestas más humanas y humanistas desde una praxis psicoeducativa necesaria para dirigirse a la resolución de conflictos personales, vocacionales, relacionales para los que es preciso formarse y adquirir experiencia.






¿Cuál es la formación?

Bajo la denominación de orientación, asesoramiento psicológico, apoyo psicopedagógico, encontramos en la historia de esta profesión dos formaciones básicas: Pedagogía y Psicología, desde las cuales era posible continuar formándose en ámbitos diferentes para desarrollar la profesión y seguir rutas distintas: dirigidas a la psicología educativa, al ámbito familiar, de pareja, etc. 

Durante unos años se instauró en el ámbito universitario la formación de segundo ciclo de psicopedagogía, en la que yo misma he participado como docente diseñando las asignaturas e impartiéndolas, al que se accedía desde la diplomatura en magisterio y capacitaba a los maestros y maestras para la profesión de orientadores. Hasta ese momento, se llegaba a esta profesión desde dos ramas: pedagogía y psicología.  Por tanto, aparecía un tercero a competir por lo mismo.

Aunque en principio se consideraba como un acceso exclusivo para la orientación en al ámbito educativo, el caso es que se convirtió en una rama de profesionales que después se fueron distribuyendo de manera diversa: seguir como maestros, continuar con la vía de la psicología o la pedagogía, etc.

Desde esa base inicial de la licenciatura los estudiantes podían, excepto en la psicología clínica, acceder a formaciones monográficas, doctorados, máster, expertos, y configurarse como profesionales con mayor apertura profesional y laboral. 

De este modo se abría una vía de formación y experiencia en el ámbito de la ayuda psicológica y educativa, asesoramiento, orientación, que podemos denominar psicoterapia sin miedo a considerar el término intrusismo profesional, además de incluir las funciones que se han pretendido acaparar con el término coach que ha estado tan de moda y que se ha constituido como una paraprofesión.

Aun así, si no queremos pillarnos los dedos y colisionar con los psicólogos clínicos, que también han tenido que luchar con los psiquiatras por su territorio, definamos orientación, asesoramiento,  intervención psicoeducativa para referirnos a necesidades como estas: 

Crisis personales, con situaciones de desorientación vital, decisiones complejas, inseguridad, indicadores de ansiedad asociados al estrés y a situaciones contextuales, así como a tendencias aprendidas diferenciando procesos disfuncionales que requieran intervención en el ámbito clínico específico.

Conflictos relacionales que se repiten y no se resuelven,  en la pareja, en las relaciones laborales, en la familia, etc.

Relaciones de dependencia emocional, o cualquier otra problemática para la que el profesional se haya especializado, como la prevención e intervención en situaciones que puedan desencadenar maltrato entre las personas y desde luego, la intervención psicoeducativa preventiva para que no lleguen a producirse.

Nuestro trabajo consiste en evaluar juntos la situación y analizar los aspectos que interfieren en la situación problema. Como parte del proceso, se implementan técnicas e instrumentos para facilitar el autoconocimiento y alejarnos de la confusión que invita a alojarse a la ansiedad.

Cuando estos problemas no se tratan a tiempo pueden desencadenar otras situaciones de mayor complejidad que han de tratarse con la intervención adecuada, en nuestro caso, si es de nuestra competencia lo hacemos en nuestro equipo, si no lo es lo derivamos a un profesional competente en la materia.

Después de más de treinta años de experiencia y haciéndome psicoterapéuta con oficio y formación continua, puedo decir que existe una rama de la orientación personal, familiar, vocacional, que precisa reclamar su espacio con todas las garantías profesionales. 

¿Es psicología?

Sí, y también pedagogía porque no olvidemos que la mayoría de las situaciones motivo de consulta conllevan experiencias de aprendizaje que hay que reorganizar, digamos incluso reeducar, y no basta con eliminar o neutralizar síntomas, es necesario reformular las tendencias aprendidas con aplicación preventiva e intervención de carácter psicoeducativo, espacio que corresponde a un ámbito diferente al clínico ya que no trata patologías sino de necesidades vitales de apoyo psicopedagógico.  Lo más importante, elegir la persona profesional adecuada. 

Como pistas para ello: Formación universitaria de base: Psicología, Pedagogía, Psicopedagogía + formación específica y experiencia en enfoques psicológicos con abordaje de psicoterapia.

Profesionales colegiados bien en el Colegio General de Doctores y Licenciados y/o en el Colegio de Psicólogos si es el caso, respaldados por una formación y una deontología que garantiza la profesionalidad y la adecuada praxis, para diferenciar las necesidades de las personas que solicitan ayuda y atenderlas de la manera más conveniente. 

En la siguiente entrada nos plantearemos:
¿Qué es más relevante para elegir profesional, el enfoque o el/la profesional?

miércoles, 23 de enero de 2019

EL HÁBITO HACE AL MONJE: del hábito al sentido


No podemos olvidar la resistencia al cambio que  nos caracteriza incluso para modificar lo que nos hace daño.  El hábito es más poderoso que la intención, por muy buena que esta sea (Lukas, 2001). Comenzamos en este caso por el plano conductual, para abordar después las motivaciones, que aluden a aspectos intrapsíquicos, y que analizamos con detalle en el estudio de juegos psicológicos y guiones.


Evaluar nuestros hábitos y cuestionar su papel en nuestra vida, es como revisar los pilares de una vivienda, la ubicación de los ladrillos y su estado.  ¿Tiene sentido para mi vida hoy esto que hago, esto a lo que dedico una hora al día, dos…? (Lukas, 2001) afirma que “Cuando lo pequeño no está bien lo grande se desmorona.”


Podemos renunciar a algún hábito y sustituirlo por otro deseable, el trueque es: hábito estéril por hábito saludable y sostenible para mi persona y  el contexto en el que actúo.


Acompasamos para mayor precisión, nuestro diálogo interior con nuestra conciencia personal, cuanto más coherente sea lo que creo y pienso con lo que hago, mayor consonancia emocional tendré.  Viktor Frankl denomina el compás ético a esta entidad interior que habita en nosotros y que contiene la parte más sensitiva e intuitiva de nuestro ser.  En metalenguaje transaccional se relaciona con el equilibrio entre los estados del Yo.


“Quien nunca limpia ventanas no ve la suciedad en el cristal, a no ser que se dé de bruces contra él.” (Lukas 2001, p.22).


Desde la perspectiva de la logoterapia iniciada por Viktor Frankl, construir el sentido de la vida se relaciona con estas  dimensiones básicas:

  • Biológica o somática, relacionada con nuestro estado corporal, nuestras tendencias físicas y la conciencia de ellas.

  • Psíquica, los aspectos psicológicos que influyen en nuestro estado psicofísico y en el sentido que construimos.

  • Social, nuestro estilo relacional y su influencia en la construcción del bienestar psicológico y el sentido que tienen para nosotros.

  • Espiritual, nuestra manera vital más allá de las dimensiones anteriores, integrando el sentido de la vida desde la perspectiva del legado personal, mi huella en el mundo.

Cada una de estas dimensiones contiene hábitos de hacer, pensar, sentir y relacionarnos.  La vida que vivimos se mueve con ritmos más o menos convulsos, como las olas en el mar.  No podemos evitarlas aunque sí podemos aprender a navegar.  El ritmo de nuestras acciones depende en gran medida de nosotros mismos. Vivir en una arritmia constante (Lukas, 2001) nos enferma, sólo es posible cuando somos jóvenes e incluso en este caso no es inocua la aceleración para el resultado de nuestras acciones.


Cuando queremos modificar algún patrón de comportamiento, necesitamos ajustar el ritmo de modo que repercuta en un resultado diferente y, en sentido terapeútico, saludable.
 

“Todos los ritmos degenerados necesitan un intervalo de tiempo riguroso durante el cual, a base de “férrea disciplina” se inviertan los ciclos” (Lukas 2001, p.35)


El cambio de hábito pasa por experimentar y sobreponerse a la fase de transición.  Todo hábito consiste en reaprender algo, después, lo que se ha evitado o provocado voluntariamente se asimila involuntariamente. 


Referencias:

LUKAS, E.  (2001) Paz vital, plenitud y placer de vivir.  Los valores de la logoterapia.  Barcelona: Paidós

viernes, 14 de diciembre de 2018

Reflexión Navideña



La gran aportación de Victor Frankl (1949) acerca de la construcción personal del sentido de la vida, cobra hoy una extraordinaria vigencia cuando analizamos las máscaras frente al aburrimiento y la soledad, ingredientes básicos del vacío existencial que aliados con la confusión en nuestros valores confluyen para derrotarlo o bien lo dirigen a adicciones que lo despistan. Ya sea las falsas apariencias de las redes sociales mal usadas, con relaciones a distancia huecas de afecto y tiempo efectivo, como el consumo desaforado, contaminan nuestra atención que enferma por inercia.
   
Inmersos como estamos en vísperas de las fiestas navideñas, conviene reflexionar acerca de lo proclives que nos hemos hecho al exceso en los deseos confundiéndolos con necesidades. A veces, su satisfacción se vuelve contra nosotros como un bumerán. Valga el ejemplo del exceso e inadecuado consumo de alimentos o medicamentos que incrementa la obesidad y las dependencias.


Creo que es necesario plantearnos la diferencia entre necesidades y deseos. Estos se valen de impulsos para dirigir la atención de manera imperiosa hacia algo que requiere satisfacción rápida aunque de efecto efímero.  La necesidad conlleva un efecto colateral más o menos grave si no se satisface, los deseos no.  Las necesidades son objetivas, los deseos subjetivos.


No planteo la ausencia de deseos ni la flagelación innecesaria, sí aliar los deseos con sentido real, con gasto de tiempo efectivo más que con objetos irrelevantes.  Si regalo una cometa a mi hija que sea para ir a volarla con ella al campo o a la playa, así contribuyo a crear una afición y compartimos tiempo juntas.  El exceso de deseos satisfechos, especialmente a través de objetos, no favorece el bienestar psicológico, más bien al contrario, lo limita porque es adictivo y frecuentemente insustancial. Considerándolo desde instancias más profundas, porque la motivación emocional genuina, lo que realmente necesitamos, no se satisface.  


Es preciso construir satisfactores sostenibles para las sociedades aparentemente ricas, en las que el consumo es vicio, en las que la necesidad de reconocimiento se sacia con un click aunque nunca nos hayamos visto y la soledad real siga ascendiendo en número de afiliados cada día.


Me pregunto donde están los aparatosos juguetes que se ven en paseos y parques los 363 días después de abrir los paquetes, porque yo no los veo más.


¿Jugarán en casa con ese aparente descapotable que papá o mamá nunca tendrán? ¿El nuevo móvil me ha ayudado a tener más amigos, 200, 300,1000...? ¿Y ese juego para cuatro que todavía está con el envoltorio?  En un escenario de este tipo, imagino los trasteros llenos de objetos molestos y el tiempo, ¿en qué se fue el tiempo?

“Obra así, como si vivieras por segunda vez y la primera vez lo hubieras hecho tan desacertadamente, como estás a punto de hacerlo ahora Victor Frankl (1946)

viernes, 30 de noviembre de 2018

El Dogma


Aludiendo al tema tratado en nuestro taller de la semana pasada en el que revisamos los orígenes e influencias de nuestro guión de vida, con especial énfasis en el concepto de Análisis Transaccional conocido como estado Padre del Yo, quiero recomendar una película que he visto hace unos días: El veredicto. Una buena película y una muy buena interpretación de Emma Thompson. Pero no es de cine de lo que quiero escribir aquí, sino de la rigidez, de la inflexibilidad, del dogma.  El dogma en su máxima esencia encarnado en la figura de una jueza. Una jueza que parte y reparte justicia, que ha de decidir con la ley en la mano acerca de aspectos esenciales de la vida de otros, en este caso la vida concretamente. La vida de un adolescente que pende del hilo de la justicia.

Una vez rotas sus propias normas acercándose al joven antes de expresar su veredicto, esta mujer avanza en el recorrido de la narrativa cubierta por su constante impermeabilidad, rígida, inflexible.  En ningún momento permite la sensibilidad necesaria desde la que dar una pista al vulnerable joven que careciendo de experiencia le reclama.   Una vez revelado el deseo de vivir no sabe cómo hacerlo. Ella es la representación de una nueva verdad. Una vez cambiado el destino introyectado por sus propios padres, queda desnudo, quiere vivir y no sabe cómo, excepto a través de la persona que ha decidido por él y que ha sido su espejo por un instante mostrándole algo bello.  Está confundido y asustado, también ilusionado e idealiza y venera a su hada madrina fugaz.

¿Qué habría aportado un ápice de empatía?

La palabra en el momento oportuno, la mano en el hombro sin necesidad de inmiscuirse, el día después del veredicto también importa.

Creo que hay una gran diferencia entre la buena praxis y la praxis integrada, más allá de la técnica y del tecnicismo, una evolución de la persona que somos, sólida, amplia e inclusiva, sostenible en definitiva y aplicable a cualquier ámbito.

No es lo mismo existir que tener permiso para vivir. Y este sólo puede transmitirse si lo tenemos o lo incorporamos en la construcción decidida de la persona que podemos ser. No puedo ofrecer ni dar lo que no tengo.

Sé que estás confundido, puede que no sepas como hacer tu vida ahora. Sé que mi visita despertó en ti las ganas de vivir y me alegro de ello. Si ahora necesitas ayuda hay que buscarla.  No estás sólo ni lo vas a estar. Vas a estar acompañado en este proceso hasta que lo necesites.

La transacción del permiso,  rompe mandatos nocivos y alienta al receptor alentado por la credibilidad de quien la expresa. Después es preciso el cómo, el método y los recursos. Tal vez la redecisión del desenlace hubiera sido diferente en este caso.

Al fin y al cabo ¿qué sentido tiene tender un puente si cuando lo atraviesas encuentras la jungla, que aunque bella, resulta insondable sin alimento ni brújula?

Paradójicamente ella recoge el relevo de su oportunidad para vivir.

jueves, 7 de junio de 2018

Los pilares básicos de la afectividad humana: Amor y miedo


El amor, en sentido amplio, constituye desde mi punto de vista la esencia de la afectividad humana y me atrevo a decir que constituye además la base de la motivación genuina.
Entiendo por amor la experiencia emocional y de intercambio afectivo incondicional, en el sentido de aceptación hacia uno mismo y hacia el otro y de la ausencia de miedo excesivo para experimentarlo.
 Con amor, comparto mi ternura con mi hijo cuando está en mi pecho, mi abrazo largo y sentido a la amiga, la mano a mi compañero/a para caminar juntos y el beso cálido compartiendo los olores y sabores del placer.
Si me siento querible" y/o querida es más fácil la alegría y a su lado la ilusión que componen la motivación para hacer, ya sea aprender, planear o simplemente disfrutar este momento.
También el apoyo en la tristeza y en la dificultad que las sostiene y alivia.
El amor construye los pilares básicos para crecer y vincularse. Se encuentra al lado del sentimiento de pertenencia contigo, con esta familia, en este grupo humano. Son los pies afectivos que permiten aprender a caminar cada vez más erguido/a y segura.  Después viene lo demás.
El amor contiene voces, gestos y contacto directo, físico y emocional. Se acompaña de la costumbre de saber sensitivamente que es algo que no va a esfumarse sin más. Por ello, es un traje diseñado a medida que se ajusta como un guante a las necesidades más íntimas, porque primero está en mi y a continuación hacia ti.
Sin hacer arqueología, lo dejamos para estudios más extensos, sabemos que nuestra historia afectiva nos influye y puede condicionar nuestras experiencias vitales.  Sigamos con el amor; ¿Que pasa cuando hay temor, inseguridad, dudas en las experiencias asociadas con el sentimiento de amor?
Quiero responder en la misma línea que he comenzado: La alegría se disipa, la ilusión se desvanece y la motivación se afloja, puede incluso desaparecer. Si no soy para ti no soy para mi, así crecemos desde la intrínseca dependencia con la que llegamos a este mundo.
Y puedo pasar la vida creyendo esto, ¡muy dura existencia entonces! El sentimiento asociado es el miedo: percibido me arrugo, ignorado se disfraza.
Como opción, existe la posibilidad de una transformación egocéntrica asociada a la codicia, que es un gran sucedaneo del bienestar emocional.  Perfuma a instancias del poder momentos intensos, con “chutes” emocionales sazonados con cualquier droga. Una potente máscara con la que comerse el mundo.
Lejos de un alegato romántico ingenuo, creo en la función esencialmente constructiva del amor.  El amor genuino solo puede construir y acompañar, compartir, y siempre tiene valor positivo.
En sentido contrario, la ausencia del sentimiento de amor genuino, aunque no lleve necesariamente a la codicia, los que a ella llegan han caminado por el afilado filo de la falta de amor. No se quieren bien y desde luego no saben amar. Y así tratan de evitar cortarse, sufrir, llenándose los bolsillos de ego. La alegría tampoco es genuina, es falsa, efímera y camuflada en rincones inacesibles a la consciencia y a la ética, sentimiento elevado del que carece el codicioso.
La carencia de amor genuino destruye relaciones con aliados como la distancia, los celos, el rencor, el despecho. Hace que los días pasen sin ternura, sin abrazos ni besos, el contacto se seca y la piel araña.
El miedo tiene multiples rostros que embrutecen lo más auténtico que podemos compartir, el tiempo conmigo, contigo, juntos o en solitario si es lo que elijo.
El amor se acompaña de amabilidad, de lealtad y libertad para ser tal cual soy, sin moldes estrechos para ajustarse a expectativas ajenas.
Aprender a amar es posible cuando se conoce el lado oculto de nuestros sentimientos, desvelando su mensaje y curando las heridas, y sobre todo aprendiendo a mirar no solo ver, a escuchar en vez de oir, acariciar, no únicamente tocar.
Como casi todo, puede descubrirse y conocerse, aunque no haya venido de serie, y ampliarse, convertirse en estilo de vida desde la intención de las acciones en mi área de influencia.
Desde esta perspectiva los sentimientos asociados al amor contiene todos los genuinos en cada situación e intensidad: alegría, disfrute, tristeza, miedo, enfado.
En la cara b, los sentimientos derivados de la ausencia de amor y la presencia del miedo: envidia, celos, codicia, rencor, odio, etc.

lunes, 23 de abril de 2018

Juegos Psicológicos y Juegos de Poder: El lado oculto de la comunicación



La comunicación humana se organiza en el escenario interno que habita en la mente de cada individuo.  Allí se revisan escenas vividas y se preparan las que están por vivir.  El personaje interno primario encuentra un muro a veces insondable que evita que el sonido de su voz lo traspase y se haga audible, por eso a veces se torna en grito con apariencia de dolor físico o emocional.

Está acostumbrado a los oídos sordos del personaje externo, de la racionalización irracional, de la costumbre, ignorando la necesidad de escuchar el zumbido que avisa de que algo no va bien, hasta que estalla y se hace presente con contundencia.  El colapso produce confusión ¿Qué ha pasado? Perplejidad ante la conciencia de lo ignorado que harto de removerse para hacerse notar, trasciende la capa interna para acceder al exterior abriendo la herida a bocajarro. Ahora es un arrebato de ira que hace temblar el cuerpo propio y el ajeno, o un eclipse emocional que adormece los sentidos y aleja la alegría de vivir e incluso la necesidad.  O tal vez un punzante dolor físico que advierte de una inminente debacle en algún órgano interno inaccesible a nuestro control.  ¡Tal vez!

Para llegar aquí se ha jugado mucho y con intensidad variable.  Se ha visitado la cueva de la impotencia demandando ayuda desde una posición de inferioridad que se ha vuelto otra vez contra uno mismo.

O se han escalado los peldaños de la superioridad para mirar desde arriba a los torpes que se equivocan, a los incautos necesitados de la aparente fortaleza que los hace percibirse dentro de algo importante, aunque sea una trampa de falso acogimiento, propiedad de cazadores ávidos de confirmar su valía una vez más con el potente poder del miedo como arma.

Tal vez se ha obviado la dificultad y se ha errado otra vez creyendo que esta era la buena, la definitiva para enriquecerse, enamorarse, triunfar.

Puede que los oídos sordos de otros ante una voz herida hayan causado mutismo crónico y sólo se oye el grito hacia adentro hasta que se hace insoportable.

Desde cualquiera de estas rutas se puede atisbar la caída que antes o después sucederá, si no se neutraliza a tiempo esta especie de destino que aparentemente está fuera de control, alegando para justificarse que no depende de uno mismo sino de las circunstancias, del carácter, de los otros o de la suerte.

Si algo de esto resuena puede que tenga interés antes de la próxima jugada hacer algo de introspección y cambiar el rumbo. Conocer la motivación emocional genuina que alienta a jugar desde el lado invisible de nuestra conciencia para dar respuesta a lo que anhelamos o necesitamos y evitar lo que tememos.

Puede que lo que se necesitó en otro momento de la vida y no se tuvo quedó agazapado en un recodo olvidado que aparentemente no se nota, aunque ahí está y como la energía, se transforma para adaptarse a la realidad que le toca vivir. El efecto es desigual aunque nunca inocuo.

La antítesis del juego es la honestidad, primero hacia sí mismo y luego hacia los otros con los que convivo y me relaciono y así, mirar de frente las vulnerabilidades y convertirlas en posibilidades de desarrollo y de cooperación:

El fuerte es humano y necesita apoyo, como cualquiera.

El débil tiene fuerza que ha de ser explícita, abierta desde el potencial propio que caracteriza a cada individuo.

El error constante requiere análisis exhaustivo, aprendizaje con método.
La desidia y la desesperación apoyo para creer e ilusionarse y soltar lo que sobra: el miedo, la rabia, la tristeza, lo que sea que dañó.

La comunicación humana se prepara internamente, en el lado oculto de la conciencia en parte, donde el acceso está restringido aunque la conducta nos delate.  Sin necesidad de convertirnos en Freud, podemos aprender a chequear los indicios que nos aventuran hacia nuestros “conflictos favoritos” y desde ahí comenzar la búsqueda de soluciones diferentes, ampliar la mirada desde la clave emocional asociada a las creencias que los sustentan.

Afortunadamente, también invertimos el tiempo de un modo constructivo ya sea en aislamiento o en la propia comunicación social.  Preparar un examen, una conferencia o un baile, o bien recrearme en el buen día que pasé el domingo en el campo, o tal vez imaginar lo que quiero hacer las próximas vacaciones.  También reflexionar acerca de un conflicto con mi jefa, mi pareja o mi amigo.  El tiempo en aislamiento es necesario para el reciclaje, el descanso, la conciencia de lo que hago, pienso y siento, en definitiva de cómo existo. Y por supuesto es saludable el tiempo de comunicación social constructiva, a través de la cual intercambiamos bienes altamente preciados como la afectividad, la información, el aprendizaje, etc., promoviendo las caricias que nutren nuestras necesidades físicas, materiales y emocionales.

Me hago eco de la cuestión planteada por Eric Berne para sugeriros responder a esta pregunta:

¿Qué se me repite una y otra vez?

Este es el primer paso para dejar de jugar.

Lecturas recomendadas:

Steiner, C. (2009) El otro lado del poder.  Análisis Transaccional del poder personal. Sevilla: Jeder.

Berne, E. (1973) ¿Qué dice usted después de decir “hola”? Barcelona: Grijalbo.