jueves, 5 de mayo de 2022

Entre tiempos revueltos

 

Vivimos entre una pandemia persistente y una situación de crisis agudizada por las consecuencias de una guerra que nos toca globalmente.  Ahora todo se convierte en global del mismo modo que una noticia corre a velocidad de la luz en las redes sociales.

Entretanto, asistimos a infinidad de eventos, cotidianos la mayoría, y extraordinarios algunos.  Este fin de semana veía en las noticias multitud de personas en celebraciones masivas de  diversa índole: conciertos, ferias, competiciones, playas, etc. El denominador común era la risa, el disfrute, unas veces desatado con saltos y gritos, cantos entusiasmados más o menos desafinados de personas celebrando, después de una larga espera, la salida al escenario de su grupo favorito, o el triunfo de su equipo rodeado de seguidores desaforados que agitan la insignia que les identifica como si de una señal del cielo se tratara. Trajes de volantes agitados por movimientos salerosos asegurando que la cadera no se ha oxidado por la falta de práctica.

Entusiasmo, disfrute, cercanía, necesidades aplacadas que han salido a la luz con más fuerza si cabe de lo habitual. Hay ganas de hacer en compañía de otros, casi piel con piel en muchos casos, el aliento cerca olvidando los avatares pasados, el efecto rebaño es algo que atrae a las personas como una especie de imán colectivo, apiñando humanos con una misma dirección y propósito.

Por otro lado, hay quienes se alejan del bullicio para disfrutar de otro modo, ajenos a las costumbres y rituales, buscan paz y sosiego en el silencio y la quietud. También es disfrute. Ovejas peculiares que van a su aire en busca de otra manera de estar, compartir en pequeño grupo o bien en soledad, para mirarse y reconocerse en el horizonte de una puesta de sol o en la cima de una montaña, con el anhelo de descanso de los excesos de ruido cotidiano.

El cambio de escenario ayuda a desconectar, es descanso en sí mismo, sensorial, emocional.

Después la vuelta, la resaca, el cansancio físico camuflado en la diversión pasada y hasta la próxima, que el verano está a la vuelta de la esquina. Con el ánimo puesto en la espera de lo que vendrá encarando la rutina desde nuestra condición de Homo laboris. Así, solventamos un tipo de estrés y construimos porciones de nuestro sentido de la vida.

lunes, 14 de marzo de 2022

Inocencia vs. Crueldad

 

 

El otro día hablando con mi nieta tuvimos esta conversación:  Cariño, hoy vamos a llevar ropa al cole de papá para que se la lleven a unas familias que la necesitan.

- ¿Por qué la necesitan?

-Porque se han quedado sin casa.

- ¿Por qué se han quedado sin casa aba?

-Porque se las han destruido.

- ¿Tienen un lobo Aba?

-Algo parecido cariño…

Con perdón de los lobos, sirva la clásica metáfora en este caso como descripción de la cruda realidad.

Es difícil elegir qué explicar a un niño y qué callar.  Es necesario omitir algunas palabras, guerra, muerte, sufrimiento, aunque otros niños de su edad estén sometidos al terror y en una semana hayan sido llevados a un estado de sufrimiento de tal magnitud que marcará su narrativa vital inevitablemente.

El trauma ya es un hecho, el desenlace está por ver, el análisis de la historia nos ofrece datos, las repeticiones nos enseñan lecciones que no conviene  olvidar y hemos de aprender a evitar.  

Es análogo al análisis de las narrativas personales, detectar patrones, recurrencias, comprender la motivación, los sentimientos asociados y sobre todo, reparar y construir opciones, alternativas saludables, honestas y éticas para desarrollar sentido.

Por otro lado, me planteo cada día,  especialmente desde que soy abuela,  cómo compaginar la protección con la libertad y la inocencia, cuando desenmascarar al lobo que espera de soslayo para abalanzarse y socavar la genuina ingenuidad.  Sé que es parte del propio proceso  evolutivo, que lo hacemos en el día a día, dando respuestas, acompañando, educando con la mejor intención y conocimiento.  Sin embargo, cuando una tormenta de irracionalidad nos amenaza y el peligro inminente para otros ya se ha convertido en su día a día,  el eco de su dolor retumba y el efecto de su trauma se hace colectivo, se ubica internamente, es lo que conocemos como empatía que promueve la cooperación y la solidaridad.  también el miedo.

No ignoro que hay otras guerras, que hay refugiados cada día que tratan de llegar a fronteras para sobrevivir.  Sin embargo, la emergencia brutal es indiscutible, la falta de sentido provoca un miedo más profundo que cualquier otra excusa para dañar.  El daño ya está hecho, por ahora sólo queda evitar que se extienda.  El otro día en la radio hablaba un experto reportero que ha recorrido con su cámara numerosos conflictos bélicos.  Ante la pregunta del periodista acerca de horror de las guerras, decía que dejamos que personas muy malas tengan mucho poder y los buenos somos muchas veces pasivos.

Si alimentamos al lobo o simplemente le dejamos acercarse hambriento a los corderos, se los comerá.


viernes, 18 de febrero de 2022

El devenir de los dementes

Lo confieso, estoy inquieta. Confío en la cordura en la misma proporción en que desconfío de los dementes. Con dementes me refiero a cualquiera incapaz de jerarquizar el bien sobre el mal, a los que utilizan la violencia en cualquiera de sus formas, con cualquier excusa, con el interés propio por bandera y ajenos a la necesidad de cooperación desde la que ven disminuir su ego. Creo que la prepotencia se acerca, peligrosamente, al concepto de demente y que los juegos de poder que desde ese estado generan y gestionan los que ahí se ubican, están cargados de soberbia, de codicia, de EGO en definitiva.

¿Qué hacer ante ello? ¿Cómo podemos negarnos a participar de las malsanas invitaciones de los dementes cuando tienen poder para decidir sobre nuestras vidas?

En nuestro quehacer cotidiano, tenemos la oportunidad de detectar y neutralizar actitudes personales y ajenas en los entornos en los que ejercemos nuestra actividad, ya sea laboral o personal, en cualquier escenario en el que se represente una reacción que rompa la equidad, la reciprocidad. No siempre es fácil parar al prepotente. Tiene diversos disfraces que disimulan el personaje e intención real. En ocasiones, puede vestirse de Salvador*, el ayudador que tiene la respuesta a todo y la solución, aparentemente desinteresada, al problema de quien se muestra indefenso, incapaz, vulnerable. La victima fácil para recoger cupones de deuda, que más tarde tendrá que saldar.

Los más atrevidos, los dementes sin disfraz van a por todas, tratan de coger lo que quieren sin contemplaciones. En el ámbito clínico se les denomina sociópatas o psicópatas. Sin embargo, la mayoría en las primeras fases de sus juegos de poder se camuflan con caretas de sonrisas amigables, de supuesta sabiduría, de promesas huecas aunque creíbles para quien necesita creer, la necesidad es un caldo de cultivo jugoso para el demente.

Las necesidades legítimas de amor, de alimento, de trabajo y de seguridad, de cualquier aspecto de nuestra existencia son aspectos susceptibles de manipulación. Estos dementes andan por la vida ejecutando órdenes, gestionando empresas, creando familias para luego destruirlas, dirigiendo países.

En estos días, mientras muchos celebrábamos el amor, aunque se trate de un evento con marcado carácter consumista, otros preparaban la guerra. Unos cuantos dementes jalean a muchos incautos para llevarnos a todos a su guión de locura y hacernos participar en su juego como personajes secundarios, prescindibles, nimios ante su pretensión de poder, útiles para alimentar su soberbia una vez más ajenos a las necesidades existenciales de paz, amor, cuidado y cooperación, a las necesidades reales de las personas de cualquier casa, pueblo o país.

Haz el amor no la guerra, no es una frase hippie desfasada, tal vez requiera matices, aunque el significado es universal y atemporal. Es el deseo y la necesidad de la buena gente, de los alejados de la prepotencia, de la locura. Está en el núcleo de nuestra existencia y como dijo Fromm en su maravilloso libro El arte de amar, 'el amor es la respuesta al problema de la existencia humana. Requiere un buen aprendizaje, como cualquier arte'.

*Salvador, rol conceptualizado en el Análisis Transaccional para describir actitudes y estilos de comunicación de quien se coloca desde arriba para someter, sobreactuar, generar necesidades con fines más o menos ocultos o premeditados, en los que subyace la necesidad de recibir reconocimiento desde una posición de poder.