A lo largo de mí
recorrido profesional he vivido de cerca situaciones que, sin miedo a decirlo
en alto, estaban empañadas de nepotismo. Si atendemos a su definición según la
RAE:
Del lat. nepos, -ōtis 'sobrino',
'descendiente' e –ismo, Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las
concesiones o empleos públicos.
Digamos parientes, amigos,
pareja… trato preferente para obtener un puesto de trabajo aunque haya otros
candidatos que superen en méritos al, la apadrinada. Si falla el diseño y el
candidato legítimo consigue acceder hay un plan b: la hostilidad, que por su
recurrencia se convierte en acoso.
De algún modo refleja actitudes
hostiles hacia lo que se percibe
como amenaza en el ajeno, forastero o diferente definido también en el término
endogamia.
En esta ocasión me refiero
al nepotismo laboral que vestido como digo de hostilidad se traduce en una
experiencia para el o la forastera, altamente estresante.
Hago alusión a los efectos que tiene en quien sufre la injusticia,
la mentira, la manipulación a cargo de quien sustenta poderes fácticos aunque
sean de medio pelo, si tocan de cerca arañan. El arañazo puede ser más o menos
profundo incluso infectarse, depende entre otras variables del tiempo de
exposición.
Ignorar, ningunear, dar información incompleta y confusa, asignar
tareas alejadas del puesto de trabajo que corresponde, etc., son indicadores de
un acoso que obra, precisamente, desde actitudes sibilinas con el fin de desgastar
y favorecer la retirada de quien se encuentra en inferioridad de condiciones
por ser nuevo en el grupo. El malestar sembrado crece en el interior como si de
mala hierba se tratara y los abusadores se complacen del efecto de su cosecha.
Un juego que avanza con un fin esperado por los malhechores, que el extraño
salga, abandone y deje paso a los aliados que esperan su turno para que todo
cuadre.
Y así, la partida termina y el pastel sigue repartido entre los
amiguitos/as que para eso se ha horneado.
Como les sugiero a las personas con las que trabajo, volcar fuera
lo que se acumula dentro es un comienzo, ya sea escribiendo, hablando,
paseando. Es una medida de vaciado para evitar que los síntomas físicos ganen
espacio, algo hay que atender y hemos de ponerle nombre para darle respuesta.
Es preciso tomar distancia para analizar con perspectiva y decidir
lo más conveniente. La reflexión se hace urgente:
¿Quién nos protege del nepotismo? ¿Hemos de abandonar lo logrado
por méritos propios o simplemente asumir con resignación lo que nos toca y
sufrir en silencio?
No sé si realmente hay solución para reparar el sistema, no sé si
está tan podrido que incluso con apariencia de transparencia se encubren todas
las fechorías posibles. Sin embargo, animo a la perseverancia de creer en la
ética construida a base de conocimiento y empatía y alejarse de lo podrido en
la medida de lo posible para evitar contagiarse.
¿Necesito ayuda? ¿Quién puede ayudarme? ¿Orientación psicológica o abordaje clínico?
Es frecuente que cuando nos damos cuenta de que algo no va bien pase un tiempo hasta que respondamos a la cuestión que nos permita resolverlo con ayuda si es esto lo que consideramos necesario. Nos planteamos entonces: ¿Quién puede ayudarme?
Vivimos en
un mundo complejo y diverso y la experiencia personal es diversa y compleja también.
Por ello, precisamos respuestas
personalizadas y adecuadas a cada individuo y situación.
Creo importante diferenciar entre la necesidad de orientación, de clarificar una experiencia, y las patologías psicológicas, porque el modo de intervenir y los profesionales que han de buscarse para ello difieren.
Habitualmente se mete en el mismo saco a toda persona que desarrolle indicadores de malestar vital, psicológico, siguiendo en la actualidad la ruta médica con la medicación como aliada principal y la prescripción al ámbito de la psicología después.
Después
comienza un camino con resultados desiguales.
Es frecuente que las personas, una vez que han pasado por el tratamiento prescrito por el ámbito de salud pública busquen algo más y opten, los que se lo pueden permitir, por un trabajo que aborde otros aspectos que no se han considerado en la terapia prescrita como son comprender, conocer aspectos de su persona, de su historia, de sus relaciones, etc. que no se abordan generalmente: ¿Por qué? Porque no se consideran objetivos terapéuticos.
La cuestión es, ¿ha de abordar esto el psicólogo/a clínico? En el sistema formal actual, el que está establecido, no, además no son patologías, por tanto por definición no es su campo específico. Sin embargo, las personas siguen buscando respuestas y llegan de este modo a equipos como el nuestro.
Podemos preguntarnos
¿quién ha de trabajar estas cuestiones?
Desde luego profesionales con la preparación adecuada. Las cuestiones humanas universales asociadas a crisis vitales no patológicas, requieren de orientación apoyada en diferentes modelos de psicología que han aportado respuestas más humanas y humanistas desde una praxis psicoeducativa necesaria para dirigirse a la resolución de conflictos personales, vocacionales, relacionales para los que es preciso formarse y adquirir experiencia.
¿Cuál es la
formación?
Bajo la denominación de orientación, asesoramiento psicológico, apoyo psicopedagógico, encontramos en la historia de esta profesión dos formaciones básicas: Pedagogía y Psicología, desde las cuales era posible continuar formándose en ámbitos diferentes para desarrollar la profesión y seguir rutas distintas: dirigidas a la psicología educativa, al ámbito familiar, de pareja, etc.
Durante unos años se instauró en el ámbito universitario la formación de segundo ciclo de psicopedagogía, en la que yo misma he participado como docente diseñando las asignaturas e impartiéndolas, al que se accedía desde la diplomatura en magisterio y capacitaba a los maestros y maestras para la profesión de orientadores. Hasta ese momento, se llegaba a esta profesión desde dos ramas: pedagogía y psicología. Por tanto, aparecía un tercero a competir por lo mismo.
Aunque en principio se consideraba como un acceso exclusivo para la orientación en al ámbito educativo, el caso es que se convirtió en una rama de profesionales que después se fueron distribuyendo de manera diversa: seguir como maestros, continuar con la vía de la psicología o la pedagogía, etc.
Desde esa base inicial de la licenciatura los estudiantes podían, excepto en la psicología clínica, acceder a formaciones monográficas, doctorados, máster, expertos, y configurarse como profesionales con mayor apertura profesional y laboral.
De este modo se abría una vía de formación y experiencia en el ámbito de la ayuda psicológica y educativa, asesoramiento, orientación, que podemos denominar psicoterapia sin miedo a considerar el término intrusismo profesional, además de incluir las funciones que se han pretendido acaparar con el término coach que ha estado tan de moda y que se ha constituido como una paraprofesión.
Aun así, si no queremos pillarnos los dedos y colisionar con los psicólogos clínicos, que también han tenido que luchar con los psiquiatras por su territorio, definamos orientación, asesoramiento, intervención psicoeducativa para referirnos a necesidades como estas:
Crisis personales, con situaciones de desorientación vital, decisiones complejas, inseguridad, indicadores de ansiedad asociados al estrés y a situaciones contextuales, así como a tendencias aprendidas diferenciando procesos disfuncionales que requieran intervención en el ámbito clínico específico.
Conflictos relacionales que se repiten y no se resuelven, en la pareja, en las relaciones laborales, en la familia, etc.
Relaciones de dependencia emocional, o cualquier otra problemática para la que el profesional se haya especializado, como la prevención e intervención en situaciones que puedan desencadenar maltrato entre las personas y desde luego, la intervención psicoeducativa preventiva para que no lleguen a producirse.
Nuestro trabajo consiste en evaluar juntos la situación y analizar los aspectos que interfieren en la situación problema. Como parte del proceso, se implementan técnicas e instrumentos para facilitar el autoconocimiento y alejarnos de la confusión que invita a alojarse a la ansiedad.
Cuando estos problemas no se tratan a tiempo pueden desencadenar otras situaciones de mayor complejidad que han de tratarse con la intervención adecuada, en nuestro caso, si es de nuestra competencia lo hacemos en nuestro equipo, si no lo es lo derivamos a un profesional competente en la materia.
Después de más de treinta años de experiencia y haciéndome psicoterapéuta con oficio y formación continua, puedo decir que existe una rama de la orientación personal, familiar, vocacional, que precisa reclamar su espacio con todas las garantías profesionales.
¿Es
psicología?
Sí, y también pedagogía porque no olvidemos que la mayoría de las situaciones motivo de consulta conllevan experiencias de aprendizaje que hay que reorganizar, digamos incluso reeducar, y no basta con eliminar o neutralizar síntomas, es necesario reformular las tendencias aprendidas con aplicación preventiva e intervención de carácter psicoeducativo, espacio que corresponde a un ámbito diferente al clínico ya que no trata patologías sino de necesidades vitales de apoyo psicopedagógico. Lo más importante, elegir la persona profesional adecuada.
Como pistas para ello: Formación universitaria de base: Psicología, Pedagogía, Psicopedagogía + formación específica y experiencia en enfoques psicológicos con abordaje de psicoterapia.
Profesionales colegiados bien en el Colegio General de Doctores y Licenciados y/o en el Colegio de Psicólogos si es el caso, respaldados por una formación y una deontología que garantiza la profesionalidad y la adecuada praxis, para diferenciar las necesidades de las personas que solicitan ayuda y atenderlas de la manera más conveniente.
En la
siguiente entrada nos plantearemos:
¿Qué es más relevante para elegir profesional, el enfoque o el/la profesional?
No podemos olvidar la resistencia al cambio que nos caracteriza incluso para modificar lo que
nos hace daño. El hábito es más poderoso
que la intención, por muy buena que esta sea (Lukas, 2001). Comenzamos en este
caso por el plano conductual, para abordar después las motivaciones, que aluden
a aspectos intrapsíquicos, y que analizamos con detalle en el estudio de juegos
psicológicos y guiones.
Evaluar nuestros hábitos y cuestionar su papel en nuestra vida, es
como revisar los pilares de una vivienda, la ubicación de los ladrillos y su
estado.¿Tiene sentido para mi vida hoy
esto que hago, esto a lo que dedico una hora al día, dos…? (Lukas, 2001) afirma
que “Cuando lo pequeño no está bien lo
grande se desmorona.”
Podemos renunciar a algún hábito y sustituirlo por otro deseable,
el trueque es: hábito estéril por hábito saludable y sostenible para mi persona
yel contexto en el que actúo.
Acompasamos para mayor precisión, nuestro diálogo interior con
nuestra conciencia personal, cuanto más coherente sea lo que creo y pienso con
lo que hago, mayor consonancia emocional tendré.Viktor Frankl denomina el compás ético a esta entidad interior que habita en nosotros y
que contiene la parte más sensitiva e intuitiva de nuestro ser. En metalenguaje transaccional se relaciona con
el
equilibrio entre los estados del Yo.
“Quien nunca limpia
ventanas no ve la suciedad en el cristal, a no ser que se dé de bruces contra
él.” (Lukas 2001, p.22).
Desde la perspectiva de la logoterapia
iniciada por Viktor Frankl, construir el sentido de la vida se relaciona con
estasdimensiones básicas:
Biológica
o somática, relacionada con nuestro estado corporal, nuestras tendencias
físicas y la conciencia de ellas.
Psíquica,
los aspectos psicológicos que influyen en nuestro estado psicofísico y en el
sentido que construimos.
Social,
nuestro estilo relacional y su influencia en la construcción del bienestar
psicológico y el sentido que tienen para nosotros.
Espiritual,
nuestra manera vital más allá de las dimensiones anteriores, integrando el
sentido de la vida desde la perspectiva del legado personal, mi huella en el
mundo.
Cada una de estas dimensiones contiene
hábitos de hacer, pensar, sentir y relacionarnos. La vida que vivimos se mueve con ritmos más o
menos convulsos, como las olas en el mar.No podemos evitarlas aunque sí podemos aprender a navegar.El ritmo de nuestras acciones depende en gran
medida de nosotros mismos. Vivir en una arritmia
constante (Lukas, 2001) nos enferma, sólo es posible cuando somos jóvenes e
incluso en este caso no es inocua la aceleración para el resultado de nuestras
acciones.
Cuando queremos modificar algún patrón de
comportamiento, necesitamos ajustar el ritmo de modo que repercuta en un
resultado diferente y, en sentido terapeútico, saludable.
“Todos los ritmos degenerados necesitan un intervalo
de tiempo riguroso durante el cual, a base de “férrea disciplina” se inviertan
los ciclos” (Lukas 2001, p.35)
El cambio de hábito pasa por experimentar
y sobreponerse a la fase de transición. Todo
hábito consiste en reaprender algo, después, lo que se ha evitado o provocado
voluntariamente se asimila involuntariamente.
Referencias:
LUKAS, E.(2001) Paz
vital, plenitud y placer de vivir.Los
valores de la logoterapia.Barcelona: Paidós
La gran aportación
de Victor Frankl (1949) acerca de la construcción personal del sentido de la
vida, cobra hoy una extraordinaria vigencia cuando analizamos las máscaras
frente al aburrimiento y la soledad, ingredientes básicos del vacío existencial
que aliados con la confusión en nuestros valores confluyen para derrotarlo o
bien lo dirigen a adicciones que lo despistan. Ya sea las falsas apariencias de
las redes sociales mal usadas, con relaciones a distancia huecas de afecto y
tiempo efectivo, como el consumo desaforado,contaminan
nuestra atención que enferma por inercia.
Inmersos como estamos en vísperas de las fiestas
navideñas, conviene reflexionar acerca de lo proclives que nos hemos hecho al
exceso en los deseos confundiéndolos con necesidades. A veces, su satisfacción
se vuelve contra nosotros como un bumerán. Valga el ejemplo del exceso e
inadecuado consumo de alimentos o medicamentos que incrementa la obesidad y las
dependencias.
Creo que es necesario plantearnos la diferencia entre
necesidades y deseos. Estos se valen de impulsos para dirigir la atención de
manera imperiosa hacia algo que requiere satisfacción rápida aunque de efecto
efímero. La necesidad conlleva un efecto
colateral más o menos grave si no se satisface, los deseos no. Las necesidades son objetivas, los deseos
subjetivos.
No planteo la ausencia de
deseos ni la flagelación innecesaria, sí aliar los deseos con sentido real, con
gasto de tiempo efectivo más que con objetos irrelevantes. Si regalo una cometa a mi hija que sea para ir
a volarla con ella al campo o a la playa, así contribuyo a crear una afición y
compartimos tiempo juntas. El exceso de
deseos satisfechos, especialmente a través de objetos, no favorece el bienestar
psicológico, más bien al contrario, lo limita porque es adictivo y frecuentemente
insustancial. Considerándolo desde instancias más profundas, porque la
motivación emocional genuina, lo que realmente necesitamos, no se satisface.
Es preciso construir
satisfactores sostenibles para las sociedades aparentemente ricas, en las que
el consumo es vicio, en las que la necesidad de reconocimiento se sacia con un click aunque nunca nos hayamos visto y
la soledad real siga ascendiendo en número de afiliados cada día.
Me pregunto donde están los
aparatosos juguetes que se ven en paseos y parques los 363 días después de
abrir los paquetes, porque yo no los veo más.
¿Jugarán en casa con ese
aparente descapotable que papá o mamá nunca tendrán? ¿El nuevo móvil me ha
ayudado a tener más amigos, 200, 300,1000...? ¿Y ese juego para cuatro que
todavía está con el envoltorio? En un escenario
de este tipo, imagino los trasteros llenos de objetos molestos y el tiempo, ¿en
qué se fue el tiempo?
“Obra así, como
si vivieras por segunda vez y la primera vez lo hubieras hecho tan
desacertadamente, como estás a punto de hacerlo ahora” Victor Frankl (1946)
Aludiendo al tema tratado en nuestro
taller de la semana pasada en el que revisamos los orígenes e
influencias de nuestro guión de vida, con especial énfasis en el
concepto de Análisis Transaccional conocido como estado Padre del Yo,
quiero recomendar una película que he visto hace unos días: El veredicto.
Una buena película y una muy buena interpretación de Emma Thompson.
Pero no es de cine de lo que quiero escribir aquí, sino de la
rigidez, de la inflexibilidad, del dogma. El dogma en su máxima esencia
encarnado en la figura de una jueza. Una jueza que parte y
reparte justicia, que ha de decidir con la ley en la mano acerca de
aspectos esenciales de la vida de otros, en este caso la vida
concretamente. La vida de un adolescente que pende del hilo de la
justicia.
Una vez rotas sus propias normas
acercándose al joven antes de expresar su veredicto, esta mujer avanza
en el recorrido de la narrativa cubierta por su constante
impermeabilidad, rígida, inflexible. En ningún momento permite la
sensibilidad necesaria desde la que dar una pista al vulnerable joven
que careciendo de experiencia le reclama. Una vez revelado el deseo de
vivir no sabe cómo hacerlo. Ella es la representación de una nueva verdad. Una
vez cambiado el destino introyectado por sus propios padres, queda
desnudo, quiere vivir y no sabe cómo, excepto a través de la persona que
ha decidido por él y que ha sido su espejo por un instante mostrándole
algo bello. Está confundido y asustado, también ilusionado e idealiza y
venera a su hada madrina fugaz.
¿Qué habría aportado un ápice de empatía?
La palabra en el momento oportuno, la
mano en el hombro sin necesidad de inmiscuirse, el día después del
veredicto también importa.
Creo que hay una gran diferencia entre
la buena praxis y la praxis integrada, más allá de la técnica y del
tecnicismo, una evolución de la persona que somos, sólida, amplia e
inclusiva, sostenible en definitiva y aplicable a cualquier ámbito.
No es lo mismo existir que tener permiso
para vivir. Y este sólo puede transmitirse si lo tenemos o lo
incorporamos en la construcción decidida de la persona que podemos ser.
No puedo ofrecer ni dar lo que no tengo.
Sé que estás confundido, puede que
no sepas como hacer tu vida ahora. Sé que mi visita despertó en ti las
ganas de vivir y me alegro de ello. Si ahora necesitas ayuda hay que
buscarla. No estás sólo ni lo vas a estar. Vas a estar acompañado en
este proceso hasta que lo necesites.
La transacción del permiso, rompe
mandatos nocivos y alienta al receptor alentado por la credibilidad de
quien la expresa. Después es preciso el cómo, el método y los recursos.
Tal vez la redecisión del desenlace hubiera sido diferente en este caso.
Al fin y al cabo ¿qué sentido tiene
tender un puente si cuando lo atraviesas encuentras la jungla, que
aunque bella, resulta insondable sin alimento ni brújula?
Paradójicamente ella recoge el relevo de su oportunidad para vivir.
El amor, en sentido amplio, constituye desde mi
punto de vista la esencia de la afectividad humana y me atrevo a decir que
constituye además la base de la motivación genuina.
Entiendo por amor la experiencia emocional y de
intercambio afectivo incondicional, en el sentido de aceptación hacia uno mismo
y hacia el otro y de la ausencia de miedo excesivo para experimentarlo.
Con amor,
comparto mi ternura con mi hijo cuando está en mi pecho, mi abrazo largo y
sentido a la amiga, la mano a mi compañero/a para caminar juntos y el beso
cálido compartiendo los olores y sabores del placer.
Si me siento “querible" y/o querida es más fácil la alegría y a su lado la ilusión
que componen la motivación para hacer, ya sea aprender, planear o simplemente
disfrutar este momento.
También el apoyo en la tristeza y en la dificultad
que las sostiene y alivia.
El amor construye los pilares básicos para crecer y
vincularse. Se encuentra al lado del sentimiento de pertenencia contigo, con
esta familia, en este grupo humano. Son los pies afectivos que permiten
aprender a caminar cada vez más erguido/a y segura. Después viene lo demás.
El amor contiene voces, gestos y contacto directo,
físico y emocional. Se acompaña de la costumbre de saber sensitivamente que es
algo que no va a esfumarse sin más. Por ello, es un traje diseñado a medida que
se ajusta como un guante a las necesidades más íntimas, porque primero está en
mi y a continuación hacia ti.
Sin hacer arqueología, lo dejamos para estudios más
extensos, sabemos que nuestra historia afectiva nos influye y puede condicionar
nuestras experiencias vitales. Sigamos
con el amor; ¿Que pasa cuando hay temor, inseguridad, dudas en las experiencias
asociadas con el sentimiento de amor?
Quiero responder en la misma línea que he comenzado:
La alegría se disipa, la ilusión se desvanece y la motivación se afloja, puede
incluso desaparecer. Si no soy para ti no soy para mi, así crecemos desde la
intrínseca dependencia con la que llegamos a este mundo.
Y puedo pasar la vida creyendo esto, ¡muy dura
existencia entonces! El sentimiento asociado es el miedo: percibido me arrugo, ignorado se disfraza.
Como opción, existe la posibilidad de una transformación
egocéntrica asociada a la codicia, que es un gran sucedaneo del bienestar
emocional.Perfuma a instancias del
poder momentos intensos, con “chutes” emocionales sazonados con cualquier droga. Una potente máscara con la
que comerse el mundo.
Lejos de un alegato romántico ingenuo, creo en la
función esencialmente constructiva del amor.El amor genuino solo puede construir y acompañar, compartir, y siempre
tiene valor positivo.
En sentido contrario, la ausencia del sentimiento de
amor genuino, aunque no lleve necesariamente a la codicia, los que a ella
llegan han caminado por el afilado filo de la falta de amor. No se quieren bien y desde
luego no saben amar. Y así tratan de evitar cortarse, sufrir, llenándose los
bolsillos de ego. La alegría tampoco es genuina, es falsa, efímera y camuflada
en rincones inacesibles a la consciencia y a la ética, sentimiento elevado del
que carece el codicioso.
La carencia de amor genuino destruye relaciones con
aliados como la distancia, los celos, el rencor, el despecho. Hace que los días
pasen sin ternura, sin abrazos ni besos, el contacto se seca y la piel araña.
El miedo tiene multiples rostros que embrutecen lo
más auténtico que podemos compartir, el tiempo conmigo, contigo, juntos o en
solitario si es lo que elijo.
El amor se acompaña de amabilidad, de lealtad y libertad
para ser tal cual soy, sin moldes estrechos para ajustarse a expectativas
ajenas.
Aprender a amar es posible cuando se conoce el lado
oculto de nuestros sentimientos, desvelando su mensaje y curando las heridas, y
sobre todo aprendiendo a mirar no solo ver, a escuchar en vez de oir, acariciar, no únicamente tocar.
Como casi todo, puede descubrirse y conocerse,
aunque no haya venido de serie, y ampliarse, convertirse en estilo de vida desde
la intención de las acciones en mi área de influencia.
Desde esta perspectiva los sentimientos asociados al
amor contiene todos los genuinos en cada situación e intensidad:
alegría, disfrute, tristeza, miedo, enfado.
En la cara b,
los sentimientos derivados de la ausencia de amor y la presencia del miedo:
envidia, celos, codicia, rencor, odio, etc.