Mostrando entradas con la etiqueta Análisis Transaccional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Análisis Transaccional. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de febrero de 2022

El devenir de los dementes

Lo confieso, estoy inquieta. Confío en la cordura en la misma proporción en que desconfío de los dementes. Con dementes me refiero a cualquiera incapaz de jerarquizar el bien sobre el mal, a los que utilizan la violencia en cualquiera de sus formas, con cualquier excusa, con el interés propio por bandera y ajenos a la necesidad de cooperación desde la que ven disminuir su ego. Creo que la prepotencia se acerca, peligrosamente, al concepto de demente y que los juegos de poder que desde ese estado generan y gestionan los que ahí se ubican, están cargados de soberbia, de codicia, de EGO en definitiva.

¿Qué hacer ante ello? ¿Cómo podemos negarnos a participar de las malsanas invitaciones de los dementes cuando tienen poder para decidir sobre nuestras vidas?

En nuestro quehacer cotidiano, tenemos la oportunidad de detectar y neutralizar actitudes personales y ajenas en los entornos en los que ejercemos nuestra actividad, ya sea laboral o personal, en cualquier escenario en el que se represente una reacción que rompa la equidad, la reciprocidad. No siempre es fácil parar al prepotente. Tiene diversos disfraces que disimulan el personaje e intención real. En ocasiones, puede vestirse de Salvador*, el ayudador que tiene la respuesta a todo y la solución, aparentemente desinteresada, al problema de quien se muestra indefenso, incapaz, vulnerable. La victima fácil para recoger cupones de deuda, que más tarde tendrá que saldar.

Los más atrevidos, los dementes sin disfraz van a por todas, tratan de coger lo que quieren sin contemplaciones. En el ámbito clínico se les denomina sociópatas o psicópatas. Sin embargo, la mayoría en las primeras fases de sus juegos de poder se camuflan con caretas de sonrisas amigables, de supuesta sabiduría, de promesas huecas aunque creíbles para quien necesita creer, la necesidad es un caldo de cultivo jugoso para el demente.

Las necesidades legítimas de amor, de alimento, de trabajo y de seguridad, de cualquier aspecto de nuestra existencia son aspectos susceptibles de manipulación. Estos dementes andan por la vida ejecutando órdenes, gestionando empresas, creando familias para luego destruirlas, dirigiendo países.

En estos días, mientras muchos celebrábamos el amor, aunque se trate de un evento con marcado carácter consumista, otros preparaban la guerra. Unos cuantos dementes jalean a muchos incautos para llevarnos a todos a su guión de locura y hacernos participar en su juego como personajes secundarios, prescindibles, nimios ante su pretensión de poder, útiles para alimentar su soberbia una vez más ajenos a las necesidades existenciales de paz, amor, cuidado y cooperación, a las necesidades reales de las personas de cualquier casa, pueblo o país.

Haz el amor no la guerra, no es una frase hippie desfasada, tal vez requiera matices, aunque el significado es universal y atemporal. Es el deseo y la necesidad de la buena gente, de los alejados de la prepotencia, de la locura. Está en el núcleo de nuestra existencia y como dijo Fromm en su maravilloso libro El arte de amar, 'el amor es la respuesta al problema de la existencia humana. Requiere un buen aprendizaje, como cualquier arte'.

*Salvador, rol conceptualizado en el Análisis Transaccional para describir actitudes y estilos de comunicación de quien se coloca desde arriba para someter, sobreactuar, generar necesidades con fines más o menos ocultos o premeditados, en los que subyace la necesidad de recibir reconocimiento desde una posición de poder.

jueves, 31 de diciembre de 2020

2021 o el espejo de Alicia

 


Despedimos un año marcado con unas circunstancias por todos conocidas y un nombre repetido hasta la saciedad: PANDEMIA.  En nuestra narrativa cultural tenemos asociadas a estas fechas unas sensaciones concretas, emociones derivadas de vivencias con las que de un modo u otro nos identificamos: El encuentro con la familia, las reuniones con amigos y compañeros, celebraciones que acogidas a estas fechas se instalaron en nuestra historia más allá de la propuesta formal y comercial ubicándose en la dimensión afectiva de lo que significa estar juntos.

Una costumbre social en la que participamos de diversas maneras.  Para unos, como decía, es motivo y oportunidad de encuentro, para otros días sin trabajo para descansar, para viajar, otros tal vez participen desde la obligación social, pero sin el ánimo sobreentendido, porque recordemos que no siempre los encuentros son satisfactorios.

Sea cual sea la situación el caso es que este año toca una circunstancia diferente.  Nos encontramos con deseos frustrados permanentemente, pensamientos que avivan el anhelo de lo esperado en otras ocasiones, ese viaje, esa cena o simplemente ese brindis cercano en el bar de la esquina.  Imágenes superpuestas con la consciencia de la realidad que vivimos: esto no puedo, esto tampoco.  Deseos avocados al fracaso nada más aparecer.

Es probable que estas emociones ambivalentes las percibamos con mayor intensidad en estos días, aunque venimos de un año con un verano también diferente, al que entramos con ansia y llenos de dudas después del confinamiento feroz al que nos vimos, necesariamente, sometidos. Tal vez resulte banal simplificar la frustración asociada a los deseos, sin embargo,  necesitamos la ilusión, la motivación para poner en la agenda algo que nos aliente, especialmente, cuando la adversidad ha puesto trabas. Creo que está bien hacer planes, con margen realista, y con la certeza, como no, de que esto también pasará.

Mientras, como solemos sugerir hay que ajustar la actitud a lo que hay con la mejor versión posible de nosotros mismos.  Está bien notar lo que nos pasa aunque no nos guste y creo que en gran medida esto es lo que nos ha pasado este año, que nos hemos notado.  Se ha puesto en evidencia la necesidad que tenemos de contacto, de contacto real, porque, aunque las redes sociales, a través de nuestros teléfonos y ordenadores, han resultado un vehículo necesario en estos meses, su exceso no ha compensado en lo esencial la necesidad de contacto y de conexión social.  El hecho es que ha sido frecuente la angustia por aislamiento a pesar de estar en permanente contacto virtual.

Sin intención de boicotear las expectativas de lo nuevo, creo necesario que pongamos los pies en el suelo y celebremos la llegada de 2021 sin prisa y sin pausa.  No vayamos a creer que pasamos al otro lado del espejo de Alicia y allí está el país de las maravillas.  Recordemos, aludiendo a la bella metáfora de Lewis Carroll, que la maravilla a la que nos transporta es la aventura de conocerse en lo inesperado, en lo desconocido, de creer más que en lo imposible en nosotros mismos, este creo, es el gran desafío.

Con mis mejores deseos en nombre del equipo que represento os deseo un gran año.

¡FELIZ 2021!

 

martes, 14 de enero de 2020

Como marca el calendario


En estas fechas, como marca el calendario, seguimos la ruta de las tradiciones y preparamos encuentros con familiares y amigos. Algunos se alejan, otros se acercan inevitablemente a la reunión anual con más o menos ganas, hay quien se alegra y quien simplemente obvia la omnipresencia de lo impuesto.

Como marca el calendario, nos alientan al consumo desaforado para acompañar los encuentros y agasajar con presentes de mayor o menor acierto.

Disfrutar de los encuentros navideños forma parte de la intención, aunque a veces es necesario prepararse para ello. No siempre es fácil digerir el exceso y en estos días tendemos a ello.

Detectar el riesgo de rapto emocional, expresar desacuerdos y construir acuerdos sin meter el dedo en la llaga, son cualidades que conviene cultivar en cualquier situación, aunque los ejemplos en la vida pública brillen por su ausencia. Si no sabemos, siempre queda la opción de aprender, detectar nuestras tendencias de viejas adaptaciones que ahora son ropa vieja y reaprender lo mal aprendido para lo que toca ahora.
Preparar un buen futuro pasa por limpiar el presente de matojos secos de ayer, conservando lo que ayuda a crecer. Elegir nuevas semillas, plantar, regar cada día y esperar que brille el sol.

Como digo habitualmente hay tiempos de cosecha y tiempos de recogida, ambos igual de necesarios.


¡Felices Fiestas!

miércoles, 23 de enero de 2019

EL HÁBITO HACE AL MONJE: del hábito al sentido


No podemos olvidar la resistencia al cambio que  nos caracteriza incluso para modificar lo que nos hace daño.  El hábito es más poderoso que la intención, por muy buena que esta sea (Lukas, 2001). Comenzamos en este caso por el plano conductual, para abordar después las motivaciones, que aluden a aspectos intrapsíquicos, y que analizamos con detalle en el estudio de juegos psicológicos y guiones.


Evaluar nuestros hábitos y cuestionar su papel en nuestra vida, es como revisar los pilares de una vivienda, la ubicación de los ladrillos y su estado.  ¿Tiene sentido para mi vida hoy esto que hago, esto a lo que dedico una hora al día, dos…? (Lukas, 2001) afirma que “Cuando lo pequeño no está bien lo grande se desmorona.”


Podemos renunciar a algún hábito y sustituirlo por otro deseable, el trueque es: hábito estéril por hábito saludable y sostenible para mi persona y  el contexto en el que actúo.


Acompasamos para mayor precisión, nuestro diálogo interior con nuestra conciencia personal, cuanto más coherente sea lo que creo y pienso con lo que hago, mayor consonancia emocional tendré.  Viktor Frankl denomina el compás ético a esta entidad interior que habita en nosotros y que contiene la parte más sensitiva e intuitiva de nuestro ser.  En metalenguaje transaccional se relaciona con el equilibrio entre los estados del Yo.


“Quien nunca limpia ventanas no ve la suciedad en el cristal, a no ser que se dé de bruces contra él.” (Lukas 2001, p.22).


Desde la perspectiva de la logoterapia iniciada por Viktor Frankl, construir el sentido de la vida se relaciona con estas  dimensiones básicas:

  • Biológica o somática, relacionada con nuestro estado corporal, nuestras tendencias físicas y la conciencia de ellas.

  • Psíquica, los aspectos psicológicos que influyen en nuestro estado psicofísico y en el sentido que construimos.

  • Social, nuestro estilo relacional y su influencia en la construcción del bienestar psicológico y el sentido que tienen para nosotros.

  • Espiritual, nuestra manera vital más allá de las dimensiones anteriores, integrando el sentido de la vida desde la perspectiva del legado personal, mi huella en el mundo.

Cada una de estas dimensiones contiene hábitos de hacer, pensar, sentir y relacionarnos.  La vida que vivimos se mueve con ritmos más o menos convulsos, como las olas en el mar.  No podemos evitarlas aunque sí podemos aprender a navegar.  El ritmo de nuestras acciones depende en gran medida de nosotros mismos. Vivir en una arritmia constante (Lukas, 2001) nos enferma, sólo es posible cuando somos jóvenes e incluso en este caso no es inocua la aceleración para el resultado de nuestras acciones.


Cuando queremos modificar algún patrón de comportamiento, necesitamos ajustar el ritmo de modo que repercuta en un resultado diferente y, en sentido terapeútico, saludable.
 

“Todos los ritmos degenerados necesitan un intervalo de tiempo riguroso durante el cual, a base de “férrea disciplina” se inviertan los ciclos” (Lukas 2001, p.35)


El cambio de hábito pasa por experimentar y sobreponerse a la fase de transición.  Todo hábito consiste en reaprender algo, después, lo que se ha evitado o provocado voluntariamente se asimila involuntariamente. 


Referencias:

LUKAS, E.  (2001) Paz vital, plenitud y placer de vivir.  Los valores de la logoterapia.  Barcelona: Paidós

viernes, 14 de diciembre de 2018

Reflexión Navideña



La gran aportación de Victor Frankl (1949) acerca de la construcción personal del sentido de la vida, cobra hoy una extraordinaria vigencia cuando analizamos las máscaras frente al aburrimiento y la soledad, ingredientes básicos del vacío existencial que aliados con la confusión en nuestros valores confluyen para derrotarlo o bien lo dirigen a adicciones que lo despistan. Ya sea las falsas apariencias de las redes sociales mal usadas, con relaciones a distancia huecas de afecto y tiempo efectivo, como el consumo desaforado, contaminan nuestra atención que enferma por inercia.
   
Inmersos como estamos en vísperas de las fiestas navideñas, conviene reflexionar acerca de lo proclives que nos hemos hecho al exceso en los deseos confundiéndolos con necesidades. A veces, su satisfacción se vuelve contra nosotros como un bumerán. Valga el ejemplo del exceso e inadecuado consumo de alimentos o medicamentos que incrementa la obesidad y las dependencias.


Creo que es necesario plantearnos la diferencia entre necesidades y deseos. Estos se valen de impulsos para dirigir la atención de manera imperiosa hacia algo que requiere satisfacción rápida aunque de efecto efímero.  La necesidad conlleva un efecto colateral más o menos grave si no se satisface, los deseos no.  Las necesidades son objetivas, los deseos subjetivos.


No planteo la ausencia de deseos ni la flagelación innecesaria, sí aliar los deseos con sentido real, con gasto de tiempo efectivo más que con objetos irrelevantes.  Si regalo una cometa a mi hija que sea para ir a volarla con ella al campo o a la playa, así contribuyo a crear una afición y compartimos tiempo juntas.  El exceso de deseos satisfechos, especialmente a través de objetos, no favorece el bienestar psicológico, más bien al contrario, lo limita porque es adictivo y frecuentemente insustancial. Considerándolo desde instancias más profundas, porque la motivación emocional genuina, lo que realmente necesitamos, no se satisface.  


Es preciso construir satisfactores sostenibles para las sociedades aparentemente ricas, en las que el consumo es vicio, en las que la necesidad de reconocimiento se sacia con un click aunque nunca nos hayamos visto y la soledad real siga ascendiendo en número de afiliados cada día.


Me pregunto donde están los aparatosos juguetes que se ven en paseos y parques los 363 días después de abrir los paquetes, porque yo no los veo más.


¿Jugarán en casa con ese aparente descapotable que papá o mamá nunca tendrán? ¿El nuevo móvil me ha ayudado a tener más amigos, 200, 300,1000...? ¿Y ese juego para cuatro que todavía está con el envoltorio?  En un escenario de este tipo, imagino los trasteros llenos de objetos molestos y el tiempo, ¿en qué se fue el tiempo?

“Obra así, como si vivieras por segunda vez y la primera vez lo hubieras hecho tan desacertadamente, como estás a punto de hacerlo ahora Victor Frankl (1946)